Queridos mamá y papá:
Hace ocho meses que llegué a Nueva York. El tiempo pasa deprisa y tengo algo que contaros. Como ya os dije cuando llegué, todo el mundo anda como loco por la calle y hay muchísimo tráfico. Recordareis que cuando llegué lo primero que visité fue el Empire State, subí a la parte más alta. Estuve contemplado un buen rato la ciudad desde las alturas. A lo lejos se veían las chimeneas de las fábricas, echaban humo negro sin parar, parecían una máquina expendedora. Luego me fijé un poco más, la ciudad entera está cubierta por una capa gruesa de color gris oscuro. Está contaminada. En aquel momento decidí que había que empezar a tomar medidas rápido. Me presenté en el ayuntamiento de Nueva York, fui directa hacia recepción y pregunté si podía hablar con el alcalde. No pude en ese momento, estaba en una conferencia muy importante. Ya que no pude hablar con él, decidí actuar yo. Me puse a llamar a todos los contactos de mi agenda que vivían en Nueva York, los reuní a todos en mi apartamento y les empecé a comentar lo que había visto desde lo alto del Empire State. Todos estaban de acuerdo conmigo, había que comenzar a tomar medidas desde ya. Por cierto, ya he ordenado mi apartamento y mis cosas, está precioso, ya os enviaré algunas fotos.
Preparé un discurso y se lo enseñe a mis compañeros de campaña. A todos les gustó y les pareció bastante convincente. Cogí un micrófono, un par de altavoces y un atril. Elaboramos unas pancartas muy coloridas con pequeños eslóganes cómo “¡Nueva York es de todos no dejes que se extinga!” Me armé de valor y con la ayuda y el apoyo de mis compañeros empecé el discurso. No fue muy difícil, los había convencido rápidamente.
Lo más complicado fue empezar. A la gente le costó mucho acostumbrarse al nuevo plan de vida. No utilizar tanto el coche o los taxis, sino ir andando, en bicicleta o en autobús público; rebajar los pitidos de los coches y la música a todo volumen, etc.
Yo, la representante de la campaña y cinco más, que también pertenecían a esta, fuimos a varios colegios, institutos y universidades de la ciudad. Más tarde publicaron un artículo en el famoso periódico New York Times que hablaba sobre el medio ambiente y nuestra campaña en su contribución. Unos días después salió nuestro discurso en el telediario. La noticia se fue expandiendo por todo Nueva York hasta llegar al país entero. El nuevo plan de vida se empezó a emplear en otros lugares como Los Ángeles, San Diego, Seattle, Chicago, Orlando, Boston, Detroit… En resumen, por todo Estados Unidos. También llegó a los países vecinos, Canadá y México. Después llegó a todo el mundo; nuestra campaña fue la revolución mundial.
Por fin las personas del mundo entero habían tomado conciencia del mal que le habían echo al planeta Tierra y de lo que podría haber pasado a la larga si continuaban contaminando. Estaba muy orgullosa de lo que había conseguido con mi discurso y sobretodo con la ayuda de la campaña, de mi familia y amigos, etc. Unos meses más tarde se quiso empezar a rodar una película contando la historia de cómo se empezó a contaminar menos, en el mundo entero, gracias a una estudiante de primero de secundaria. Pero nunca falta una persona que esté en contra tuya.
Un chico un poco más mayor que yo, montó una campaña contra los cambios que yo había conseguido con tanto esfuerzo. En su campaña no participó mucha gente gracias a que todos los ciudadanos estaban de mi parte, solo le apoyaban sus amigos que conocía desde que tenía tres años. El también había hecho un discurso, pero no para convencer a la gente de que debíamos contribuir con el medio ambiente sino para decir que teníamos que seguir con lo que hacíamos siempre hasta ahora, que no iba a pasar nada. Miles de personas montaron una manifestación en contra de este chico. Bueno, no se muy bien como acabó pero creo que tuvieron que llamar a la policía porque la cosa se les fue un poco de las manos. Finalmente la gente pasó de él y nos hicieron caso a nosotros, porque la gente no es tonta y sabe que si continuábamos así la Tierra se iba a deteriorar entera y nos íbamos a encontrar en una situación de la que no íbamos a poder salir nunca.
Seguro que os preguntaréis si ya me he integrado. Creo que con lo que os he contado no hace falta que os diga más. Estoy deseando volver ya a Gijón y veros. Menos mal que allí no hay tanta contaminación como aquí. Supongo que también habrá llegado hasta Gijón la noticia de “mi movimiento”. Respondedme tan pronto como os sea posible, por favor.
Un beso muy fuerte desde Nueva York,
Sandra
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